Como ya hemos estudiado en clase, la valencia, según la teoría de proceso de la expectativa-valencia, que se encuentra dentro de las teorías y modelos de motivación en el trabajo, es la valoración que una persona otorga a un resultado determinado, el cual puede ser tanto positivo como negativo.
Aclarado el concepto, quiero exponer mi humilde opinión sobre esa valencia en los tiempos que corren. Y quiero empezar diciendo que esta valencia actualmente, en la mayoría de los casos, no es la que verdaderamente se le quisiera dar a determinados resultados. Pues como he dicho en el titulo está condicionada a la crisis económica por la que estamos pasando.
Está condicionada en el sentido de que, quizás le damos un valor alto y positivo a hacer el trabajo bien hecho o a ganar dinero, solo por necesidad y no por felicidad.
Siendo también por necesidad la elección del trabajo. Es decir, le damos un valor totalmente absoluto a conseguir un trabajo como funcionario, pero no porque realmente nos guste ejercer ese trabajo, sino porque en él vemos una especie de seguro de vida, con el que podremos seguir adelante en esta situación de crisis tan difícil en la que estamos inmersos.
De esta manera, la gestión de recursos humanos, nunca será la correcta ni la indicada, ya que se planifica de una manera aparente, y no real, pues lo que muestran muchos trabajadores son apariencias y no lo que realmente sienten, por lo que he explicado anteriormente.
Es decir, si se planea un programa determinado, siguiendo las características y necesidades aparentes que presentan los empleados, y finalmente no funciona, normalmente por falta de motivación, nos encontramos con el problema de, ¿en qué he fallado?, y la respuesta suele ser: en nada. Solo en atender a lo que los trabajadores “pretenden ser” solo por necesidad y no porque realmente quieren serlo.
Así, podemos encontrar también respuestas a por qué tantos funcionarios hoy día no son “simpáticos” con los ciudadanos a los que prestan su servicio, a por qué tantos se cogen horas y días de más, evitando ejercer sus funciones, a por qué no muestran todos el mismo interés en mejorar sus capacidades… Y un largo etcétera de problemas que nos encontramos en la función pública española.
Por lo que, si la valencia, es decir, el valor que le dan las personas a unos resultados, no son realmente los deseados, todo girará en una gran pantomima que difuminará a la función pública y con ella a su gestión de recursos humanos, que nunca podrá llegar a satisfacer las necesidades que pretende.
Para terminar, y para que se entienda del todo la idea a la que me refiero dejo un ejemplo:
Supongamos que Juan, con mujer e hijo, trabaja en la hostelería, cosa que le apasiona, pero su mujer se vuelve a quedar embarazada, y se pone a hacer cuentas, viendo que con su humilde trabajo de hostelero no le daría para llegar a fin de mes. De esta manera se plantea presentarse a unos oposiciones para la función pública, lo cual detesta, pero sabe que le dará seguridad en el trabajo y con esa seguridad, también a su familia. De esta manera accede a la función pública. Y le da un valor extremo a hacer bien su trabajo (valencia aparente), mientras que, en realidad, el valor máximo se lo da a llegar a fin de mes sin problemas y mantener lo mejor posible a su familia (valencia real). También le da un valor muy alto a que su jefe lo reconozca en su esfuerzo (valencia aparente) pero en realidad el valor alto se lo da a que lo asciendan para ganar más dinero (valencia real)….
Y así sucesivamente, la valencia real se esconde, únicamente por necesidad, quedando atrás una valencia real por vocación, motivación, éxito… Así que, recemos porque esta situación de crisis termine pronto, si no, nunca veremos un impulso de nuestra verdadera función pública que es la que vela por los intereses generales de los ciudadanos, ayudando y sirviendo a la ciudadania en su totalidad y con el máximo desempeño, sino que tendremos una función pública como una tapadera de la crisis y una opción (o la única) para mantener nuestras necesidades básicas, perdiendo su esencia, desencadenando en cualquiera cosa, menos en función pública.