En el ya lejano curso selectivo que seguimos tras
aprobar la oposición, nos hablaron entre otras cosas de la motivación de los
empleados públicos. Uno de los profesores, nos interrogó acerca de porqué
trabajábamos. Respuestas variadas de la audiencia, desde el orgullo
profesional a la motivación pecuniaria, salieron todas las respuestas posibles.
Excepto una que era la correcta: Trabajamos porque queremos. La
motivación al trabajo, cómo se llega a provocar ese “porque se quiere”,
es lo que es variable. Y la labor más dura en la gestión de recursos
humanos.
No es ningún misterio la dificultad de la gestión
de recursos humanos en la Administración. Personalmente, ni gestiono ni me
siento gestionado, siendo mi motivación puramente personal. Es decir, me
encuentro entre los que me considero automotivado y tengo la suerte de no tener
que motivar a nadie a realizar su trabajo. Sobre todo, me alegro de lo último,
pues, precisamente por mi automotivación, soy incapaz de comprender las razones
por las que hay que motivar a alguien a cumplir con su obligación (aunque crea
haberlo sabido hacer cuando se me ha requerido).
Existen a mi juicio tan sólo dos maneras
de motivar a un empleado público a realizar su trabajo. La primera es la económica,
pero los márgenes aquí son estrechos. Los ascensos son difíciles y la
recompensa económica en forma de paga de productividad tiende a la equidad. La
segunda, es el gusto por lo que se hace, motivado por uno mismo o desde
fuera. Tratar de encontrar el hueco dónde realizar una tarea que
realice y ayudar a los que de tí dependan a lo mismo dentro de tus
posibilidades.
En estos tiempos de
congelación salarial que se nos avecina, decir que me importa más la segunda de
las razones (la satisfacción profesional) a la hora de realizar mi trabajo,
puede resultar contraproducente. Sin embargo, me inclinaría más a la búsqueda
de un cambio el tedio personal que la búsqueda del incremento salarial. Evitar
el tedio personal (propio y de los que nos rodean) es la clave de la
supervivencia en este año de restricciones económicas. Esa huida del
tedio tiene sin duda alguna un origen personal en parte, pero también un origen
externo de aquellos responsables de la organización del servicio público. La
valoración pública del empleado público y su labor, debería ser parte de
la estrategia de nuestros responsables ante los sacrificios por delante.http://apunteselectronicos.wordpress.com/2009/11/15/motivacion-del-empleado-publico/
Me ha asombrado este articulo y me parece del todo adecuado dadas las circunstancias económicas por las que atraviesa el país. A la hora de trabajar en un determinado puesto de trabajo es tan importante recibir una contribución por lo realizado como sentirse bien con el trabajo de uno. Estoy totalmente de acuerdo con que es mucho mas necesario el trabajar por uno mismo , que por dinero.
ResponderEliminarEs del todo necesario una retribución pecuniaria , pero creo que uno debe enfrentarse muchas veces al trabajo no como un simple cambio de trabajo por dinero sino verdaderamente motivarse pensando que uno esta haciendo lo que realmente quiere , y no lo que los demás quieren que haga. Una persona cuando se encuentra feliz y quiere lo que hace , no es necesario decirle lo que tiene que hacer , ni amenazarle con una bajada de salarios ni tan siquiera la posibilidad de ascender , puesto que uno interiormente ha asimilado la idea de que esta haciendo lo que quiere y lo que debe. Sólo discrepo en una cosa , y es cuando el compañero atiende a que es contraproducente pensar esto antes que el dinero , no me parece en absoluto así , creo un valor fundamental es el hecho de ser feliz y sentirse completo sin necesidad de perseguir el dinero por doquier.