Ahora que
vemos todos los días en el telediario un constante bombardeo de casos
gravísimos de corrupción política, pienso con cierta dosis de miedo, si los
políticos creen que pueden hacer lo que deseen sin la más mínima consecuencia
porque “todo vale”. Puede parecer que así lo es y que la sociedad está
impasible e indiferente ante esto, pero datos como los recientes recalcados por
una encuesta en la que la corrupción es la segunda cuestión que más preocupa a
la sociedad española después del lastre
del paro, demuestra que “no todo vale”.
La sociedad
está cansada de ver ausencia de sentido del deber, la no vocación al servicio
público, el trato de favor por ser X , el regalo de turno de cualquier político que justifica como “ un simple obsequio” lo que vale miles de euros … todo lo enumerado
parece haberse convertido en listado de principios éticos que el Estatuto Básico
del Empleado Público da por ciertos y veraces, pero nada más lejos de la
realidad pues tanto la Constitución ( artículos 103, 23, 14..) como el Estatuto
Básico del Empleado Público como las demás leyes, tienen entre sus principios
los más pulcros objetivos: la defensa de la legalidad, la transparencia, la
responsabilidad, la búsqueda de intereses generales etc.
El problema,
a mi juicio y sin querer así excluir posibles causas, está en la falta de
valores de los que piensan que “lo público no es de nadie” y creen ser los
dueños y señores; estos se olvidan de cumplir con respeto y lealtad a las
normas, su trabajo como servidores públicos de toda la sociedad.
Por ello
aplaudo que ahora, ciertos mecanismos de control externo tales como el poder judicial,
los medios de comunicación y una incipiente participación ciudadana pongan
freno a tanta irregularidad, pese al daño ya hecho “más vale tarde que nunca”.
Elena Losada
Díaz
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