Noticia propuesta por: Javier Méndez Rodríguez.
En estos días se vuelve a hablar de formación, pero no de los procesos
de aprendizaje y su importancia para las personas, para las empresas y
para la sociedad. No se habla, entre otras, de las oportunidades que el
entorno digital y social ofrece para adecuar esos procesos a las
necesidades reales de unos y de otras. No. Se habla de los escándalos de
la formación. De la mala utilización de los recursos públicos
destinados a la formación para el empleo, cuando no del desfalco y de la
estafa aprovechando los dispositivos de un sistema arcaico y alejado de
la realidad.
No es nuevo. El recorrido del sistema de formación profesional
para el empleo en España está jalonado de escándalos, controversias,
propuestas para su modificación, peleas por el control de los fondos,
sentencias de los tribunales en diversos sentidos y declaraciones
grandilocuentes.
Las reacciones se repiten en el tiempo: titulares, denuncias,
defensas numantinas y promesas de reformar el sistema. Pero nada. Como
en tantos otros asuntos, el desistimiento y la conformidad lo dejan todo
como estaba. Y hasta la próxima.
A los actores institucionales parece que este sistema no les ha
ido mal. Desde 1992 todos los gobiernos, uno tras otro, han bendecido
los acuerdos entre patronal y sindicatos para gestionar un modelo
complejo de ayudas y subvenciones que ha hecho de la formación una
rutina administrativa, de catálogos de cursos de dudosa utilidad en
muchos casos; un modelo que, además, requiere de complicadas estructuras
para su gestión.
Sin embargo, en los dos últimos años las dificultades para
mantener el sistema están siendo mayores. El Gobierno, a pesar de sus
anuncios, ha pasado de puntillas por el aparato de gestión, pero ha
apuntado donde más duele: reduciendo los recursos para la formación,
modificando la distribución de los fondos y consolidando un sistema de
reparto que asegura unos mínimos para los administradores del sistema
(patronal y sindicatos).
La reducción de los recursos que gestionan los agentes sociales
ha tenido efectos colaterales: deja fuera, en gran parte de los casos, a
empresas y centros de formación que, ante la imposibilidad de acceso al
sistema, habían acomodado sus estructuras para subcontratar la
formación que aquéllos no podían atender directamente, estableciendo una
relación de dependencia arriesgada y casi siempre cautiva. Y en algunos
casos, dando lugar a entramados empresariales ficticios para captar las
subvenciones.
El sector de la formación, que creció y se consolidó al calor
del sistema, se ve ahora vapuleado con la consecuencia de que muchas
empresas y centros de formación están siendo condenadas a su
desaparición y a una ruina que paradójicamente contribuye a la
destrucción de empleo.
Las estructuras de formación de patronal y sindicatos tampoco
están siendo ajenas a estas circunstancias, aligerándose a través de ERE
y otras medidas amparadas por la denostada reforma laboral. Sin
embargo, la estructura administrativa del Estado mantiene intacta la
Fundación Tripartita como instrumento gestor de referencia. Una
organización monolítica dotada de importantes recursos humanos al
servicio del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE); el encargado de
la distribución de los dineros a las organizaciones empresariales y
sindicales y a las comunidades autónomas.
Mientras tanto, los certificados de profesionalidad -la
esperanza blanca del sistema de formación para el empleo, el elemento
que, por fin, daría valor y carta de naturaleza a estas formaciones, su
seña de identidad- se regulan lentamente y se implantan con parsimonia
debido a sus rígidos requisitos y especificaciones y a la necesidad de
realizar importantes inversiones para su desarrollo por parte de las
empresas y centros de formación.
A la vista de lo anterior, convendría responder a la pregunta
que encabeza este texto. Formación, ¿para qué? Y coincidir en una
respuesta unívoca, clara y sin matices, alejada de los discursos
retóricos, que no implique justificar la necesidad de la formación para
las personas y para las empresas (porque es evidente).
La respuestas no debería ser complejas: formación para aprender,
para contribuir, para compartir, para innovar, para progresar, para
hacer las cosas mejor; formación para aprovechar las oportunidades.
Si las respuestas no van en esa dirección puede ser inevitable
el riesgo de que los recursos públicos para formación (que aportan
empresas y trabajadores) se diluyan o se esfumen, liquidándose otro de
los derechos ganados en los últimos tiempos para procurar vivir y
trabajar en mejores condiciones.
El aviso a navegantes lo ha dado, como en tantas otras cosas, la
avanzadilla del Gobierno de la Comunidad de Madrid con la decisión de
suspender las ayudas a la formación en su territorio ante su incapacidad
para controlar el destino y el buen fin en el uso de esos fondos, o
para amparar esa utilización espuria.
Partiendo de la base que la educación debería ir mas allá de los cambios politicos acontecidos en cada gobierno y la creación de un sistema rigido que garantice una educación unánime, con el unico objeto de ser modificada respecto a los acontecimientos sociales y NO politicos en un espacio temporal de cuatro años.
ResponderEliminarLos poderes públicos intentan garantizar este derecho, intentan ofrecer politicas de desarrollo del mismo, pero cada vez mas escasas, cada vez más complejas y cada vez con unas exigencias casi imposibles.
El personal laboral de la Administración, en este caso conocidos como profesores, maestros....ya no gozan del prestigio que tenían tiempo atrás cuando se decia con "la boca llena" que era profesor, puesto que considero que eran la base de la futura sociedad. Este sector, cada vez se encuentra mas desmotivado, ya no gozan de las recompensas que tenian tiempo atrás, y no solo recompensas economicas, si no esencialemnte sociales.
Tambien es menester mencionar que cada vez es mas complicado entrar en este sector, las pocas ofertas que la administración ofrece, la dificultad de acceder a un puesto fijo, de adquirir plazas...
Como ya decia Kant "Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él." Y cada vez nos estamos alejando mas de este concepto