martes, 6 de mayo de 2014

Formación para qué

 Noticia propuesta por: Javier Méndez Rodríguez.

En estos días se vuelve a hablar de formación, pero no de los procesos de aprendizaje y su importancia para las personas, para las empresas y para la sociedad. No se habla, entre otras, de las oportunidades que el entorno digital y social ofrece para adecuar esos procesos a las necesidades reales de unos y de otras. No. Se habla de los escándalos de la formación. De la mala utilización de los recursos públicos destinados a la formación para el empleo, cuando no del desfalco y de la estafa aprovechando los dispositivos de un sistema arcaico y alejado de la realidad.

No es nuevo. El recorrido del sistema de formación profesional para el empleo en España está jalonado de escándalos, controversias, propuestas para su modificación, peleas por el control de los fondos, sentencias de los tribunales en diversos sentidos y declaraciones grandilocuentes.

Las reacciones se repiten en el tiempo: titulares, denuncias, defensas numantinas y promesas de reformar el sistema. Pero nada. Como en tantos otros asuntos, el desistimiento y la conformidad lo dejan todo como estaba. Y hasta la próxima.

A los actores institucionales parece que este sistema no les ha ido mal. Desde 1992 todos los gobiernos, uno tras otro, han bendecido los acuerdos entre patronal y sindicatos para gestionar un modelo complejo de ayudas y subvenciones que ha hecho de la formación una rutina administrativa, de catálogos de cursos de dudosa utilidad en muchos casos; un modelo que, además, requiere de complicadas estructuras para su gestión.

Sin embargo, en los dos últimos años las dificultades para mantener el sistema están siendo mayores. El Gobierno, a pesar de sus anuncios, ha pasado de puntillas por el aparato de gestión, pero ha apuntado donde más duele: reduciendo los recursos para la formación, modificando la distribución de los fondos y consolidando un sistema de reparto que asegura unos mínimos para los administradores del sistema (patronal y sindicatos).

La reducción de los recursos que gestionan los agentes sociales ha tenido efectos colaterales: deja fuera, en gran parte de los casos, a empresas y centros de formación que, ante la imposibilidad de acceso al sistema, habían acomodado sus estructuras para subcontratar la formación que aquéllos no podían atender directamente, estableciendo una relación de dependencia arriesgada y casi siempre cautiva. Y en algunos casos, dando lugar a entramados empresariales ficticios para captar las subvenciones.

El sector de la formación, que creció y se consolidó al calor del sistema, se ve ahora vapuleado con la consecuencia de que muchas empresas y centros de formación están siendo condenadas a su desaparición y a una ruina que paradójicamente contribuye a la destrucción de empleo.

Las estructuras de formación de patronal y sindicatos tampoco están siendo ajenas a estas circunstancias, aligerándose a través de ERE y otras medidas amparadas por la denostada reforma laboral. Sin embargo, la estructura administrativa del Estado mantiene intacta la Fundación Tripartita como instrumento gestor de referencia. Una organización monolítica dotada de importantes recursos humanos al servicio del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE); el encargado de la distribución de los dineros a las organizaciones empresariales y sindicales y a las comunidades autónomas.

Mientras tanto, los certificados de profesionalidad -la esperanza blanca del sistema de formación para el empleo, el elemento que, por fin, daría valor y carta de naturaleza a estas formaciones, su seña de identidad- se regulan lentamente y se implantan con parsimonia debido a sus rígidos requisitos y especificaciones y a la necesidad de realizar importantes inversiones para su desarrollo por parte de las empresas y centros de formación.

A la vista de lo anterior, convendría responder a la pregunta que encabeza este texto. Formación, ¿para qué? Y coincidir en una respuesta unívoca, clara y sin matices, alejada de los discursos retóricos, que no implique justificar la necesidad de la formación para las personas y para las empresas (porque es evidente).

La respuestas no debería ser complejas: formación para aprender, para contribuir, para compartir, para innovar, para progresar, para hacer las cosas mejor; formación para aprovechar las oportunidades.

Si las respuestas no van en esa dirección puede ser inevitable el riesgo de que los recursos públicos para formación (que aportan empresas y trabajadores) se diluyan o se esfumen, liquidándose otro de los derechos ganados en los últimos tiempos para procurar vivir y trabajar en mejores condiciones.

El aviso a navegantes lo ha dado, como en tantas otras cosas, la avanzadilla del Gobierno de la Comunidad de Madrid con la decisión de suspender las ayudas a la formación en su territorio ante su incapacidad para controlar el destino y el buen fin en el uso de esos fondos, o para amparar esa utilización espuria.

1 comentario:

  1. Partiendo de la base que la educación debería ir mas allá de los cambios politicos acontecidos en cada gobierno y la creación de un sistema rigido que garantice una educación unánime, con el unico objeto de ser modificada respecto a los acontecimientos sociales y NO politicos en un espacio temporal de cuatro años.
    Los poderes públicos intentan garantizar este derecho, intentan ofrecer politicas de desarrollo del mismo, pero cada vez mas escasas, cada vez más complejas y cada vez con unas exigencias casi imposibles.
    El personal laboral de la Administración, en este caso conocidos como profesores, maestros....ya no gozan del prestigio que tenían tiempo atrás cuando se decia con "la boca llena" que era profesor, puesto que considero que eran la base de la futura sociedad. Este sector, cada vez se encuentra mas desmotivado, ya no gozan de las recompensas que tenian tiempo atrás, y no solo recompensas economicas, si no esencialemnte sociales.
    Tambien es menester mencionar que cada vez es mas complicado entrar en este sector, las pocas ofertas que la administración ofrece, la dificultad de acceder a un puesto fijo, de adquirir plazas...
    Como ya decia Kant "Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él." Y cada vez nos estamos alejando mas de este concepto

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.